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X Encuentro 9 y 10 de
Octubre, 2004 |
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Siempre parece que fue ayer. Aún con los verdes paisajes de Guipúzcoa en nuestras retinas, nos citábamos en una calle de Barcelona una manita de R8. Poco comparado con lo que se avecinaba, pero suficiente ya para despertar el interés y las miradas de los transeúntes. Dirección sur por la AP-7, y viejos conocidos se van sumando al grupo. Los primeros, en bloque, representando el sur del Área Metropolitana. Otros, como nuestro Excelentísimo Tesorero, sin aviso previo y en dirección contraria (de una calle del área de servicio solamente, por suerte). Y el más desafortunado, Sebas Fuentes, que a los pocos kilómetros rompió un palier y tuvo que volverse para casa. Eso sí, por poco tiempo; el que le llevó cambiar los bártulos de coche y enfilar su Opel Vectra hacia Castellón. Los demás seguimos, con más caravana que la que hubiéramos querido, pero quizá no tanta como la que podía haber deparado todo un señor Puente del Pilar de cuatro días. En algún momento de la caravana, a la altura de Tarragona, el pensamiento estaba puesto en los seis compañeros que estarían avistando la costa valenciana desde el barco. Y en el terceto vasco, al que aún le quedaba más camino que a nosotros. Y en los "llaneros solitarios" que desde Salamanca, Galicia, Albacete, Ciudad Real, se dirigían al objetivo común. Pasado lo peor, decidimos dejar la AP-7 a favor de la N-340 (por aquello de no renunciar a disfrutar un rato por carretera más que por practicidad; aunque de noche, hacía muy buen tiempo). Atravesamos pueblos, semáforos, largos tramos entre poblaciones… En el horizonte aparece un interrogante: ¿llegaremos al Hotel Simba antes de que cierren la cocina? Parece que sí. Bueno, parece que quizás no; el neumático del Sr. Presidente se empeña en ponerle emoción a la cosa, y la batería del 850 de Alberto no se quiere quedar atrás. Un pequeño sprint final y llegamos, 23:15 horas. Suficientes para garantizarnos el recibimiento de todos los demás, ya convertidos en comensales. Mesa norte para los baleares, mesa sur para los catalanes acompañados de los "de casa". Poca cosa más esa noche: demasiado cansancio. Y aun así, a lo tonto a lo tonto, a las dos y media a dormir. A ver cómo aguantamos mañana… De momento, trasnochar ha servido para ver en primicia la sorpresa del Encuentro: una lona azul con dos franjas blancas la cubre, pero no lo suficiente para nuestra curiosidad. Sí, sí, se confirma: es un Gordini. Pero mañana con buena luz las cosas se verán más claras. Bona nit! Entre sueño y sueño, los amigos vascos llegan al Hotel. Pero eso no se sabrá hasta mañana. |
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¡Y ya es mañana! Salimos al aparcamiento. Limpiamos cuatro mosquitos del frontal por la vergüenza de ver a todos los demás haciendo lo propio. El Sr. Presidente ya está acomodado en sus magníficas silla y mesa playeras, dispuesto a repartir dossier a diestro y siniestro. Han ido llegando más coches, entre ellos el de Jordi Vicente, responsable del día siguiente, y un R8 de primerísima serie, madrugador, recién llegado de Barcelona. El Sr. Presidente nos va enviando al comedor, bajo la advertencia de que desayunemos poco, ya que al cabo de una hora volveremos a desayunar. ¿Será una broma? No es broma, no: desayunamos magníficamente, para encontrarnos que ese desayuno era una broma comparado con el que se ha preparado por encargo del Presi. Gajes del oficio: no había quedado claro que el desayuno estaba incluido en la habitación. Pero quedamos de cine. Además, el segundo desayuno fue mucho mejor… ¡dónde va usté a parar! Todos en la misma mesa, de tertulia y con pan con tomate… Una mala noticia, eso sí: Janine y Roberto han tenido problemas viniendo desde Galicia, y están en Valladolid, buscando la forma de sustituir el radiador. A partir de ahora tendremos un oído puesto en las noticias que de ellos nos vayan llegando. Pero la vida sigue, y tras visitar la impresionante colección recolectada por "Mr. Simba" (el dueño del hotel) en su época de safarista, llega la hora de la verdad. Pascual Rius, a la sazón residente en Moncofa, localidad de la zona, pone en cabeza su conocido R8 "gordinizado". Todos en fila, y vamos saliendo bajo la atenta mirada de unos camioneros… ¿lituanos? La Vall d'Uixó no está lejos. Las Grutas de San José son visita obligada para el turismo local, y de ello da fe el aparcamiento; aunque es suficientemente grande como para que podamos aposentar bien juntitos nuestros coches. El día es cien por cien estival, y se agradece entrar en la gruta. Nos distribuimos en barcas, y ponemos en práctica el estimulante deporte de "agachar la cabeza a tiempo". El panorama de estalactitas de este lago subterráneo, el mayor de Europa, vale la pena de verdad. Algún cuello se acuerda de tanto agacharse durante el siguiente tramo, Coll de Marianet incluido. Sólo 400 metros de altitud, pero suficientes como para brindar unas cuantas curvas de postín. |
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Fotos
facilitadas por nuestro amigo Tolo
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