El sábado 29 de marzo amaneció soleado, algo raro tras varios días de viento y frío en la cornisa cantábrica. Parecía que el tiempo nos había dado una tregua, y así poder ir a visitar sin miedo al agua las Cuevas del Soplao a bordo de nuestros ochos y dieces.
La jornada de encuentro entre astures (inmensa mayoría) y cántabros se inició en punto medio y fronterizo: Unquera. Entre el grupo de asturianos había un infiltrado, desde Guadalajara venían Pedro y señora con su impecable R10 blanco.
La subida hasta las Cuevas fue una delicia, una típica carretera de curvas, de esas en las que los R8 se mueven como pez en el agua. Una vez llegados al alto pudimos causar la admiración de los visitantes del Soplao, sorprendidos al ver tanto R8 junto. La visita en grupo a la cueva, primero a bordo de un tren minero y más tarde andando resultó muy entretenida, con las detalladas explicaciones de nuestra guía; conociendo la historia de la cueva y pudiendo ver las caprichosas formas de estalactitas y estalagmitas, algunas de ellas realmente llamativas.
Tras la visita de nuevo al coche, poniendo rumbo en alegre y colorida caravana hasta el pequeño pueblo de Celucos, donde estaba el restaurante en el que pudimos dar cuenta de una suculenta comida. Según dijeron quienes las probaron las alubias estaban de muerte.
Un ratillo de sobremesa y llegó el momento de las despedidas, pero no de todos, algunos seguimos hacia el este, con destino Santander, donde seis de los coches del grupo capitaneado por Foro y Mariti harían noche. Quien esto escribe quiso mostrar algunos rincones y paisajes de esta tierruca, y así llegamos hasta Carmona, un pueblo con todo el sabor tradicional de la Cantabria rural, la primera parada sirvió para visitar el pueblo desde dentro y en la segunda pudimos contemplarlo desde lo alto, en un mirador desde el que se puede ver todo el valle.
El recorrido continuó, dando una larga vuelta, pasando por Renedo, Torrelavega y Sarón hasta llegar a Santander. Parada en el hotel para los foráneos haciendo tiempo hasta la cena en un restaurante de Cueto. A eso de la una de la mañana vuelta al hotel, a dormir, teniendo en cuenta que el cambio de hora del domingo nos restaba una hora de sueño.
El domingo no amaneció tan propicio como el día anterior, los negros nubarrones y la lluvia de la mañana truncaron la subida hasta Peñacabarga, pero no suficiente para evitar que el grupo de R8´s llegara hasta Hoznayo, donde se celebraba la habitual reunión mensual de coches clásicos del úlitmo domingo de mes. La lluvia, aunque había remitido, había logrado disuadir a muchos de los habituales de esta reunión, y así los erreochos destacaban entre la variedad de coches asistentes. Tras la reunión comimos en un restaurante próximo, tras lo que el grupo asturiano tomó rumbo a casa y el que esto escribe volvió a casa, feliz de haber pasado un fin de semana en tan buena compañía. |